samedi 24 décembre 2022

Jóvenes sindicados de delitos como gestores de Paz

Por: Héctor Díaz Revelo Las redes sociales y los medios de comunicación abiertamente de derecha, reaccionaron de manera irracional al escuchar a Gustavo Petro pedir perdón por las víctimas de la masacre de El Aro, corregimiento del municipio de Ituango en Antioquia de 1990. Antes debo decir que cuando critico o he criticado a Petro por no sacar a Colombia de la OTAN, esa nefasta organización guerrerista y militar que tanta sangre de los pueblos del mundo ha derramado, digo, cuando lo he criticado no me hace ANTIPETRISTA y cuando digo lo que digo, no me hace PETRISTA. Pues bien, el presidente Petro pidió perdón a las víctimas de la Masacre de El Aro, en cumplimiento de una sentencia de la CORTE INTERAMERICANA DE DERECHO HUMANOS de hace 16 años, incumplida por los gobiernos pasados de Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos y de Iván Duque. Las dudas sobre la muerte de Pedro Juan Moreno Villa, quien para la época se desempeñaba como secretario de Gobierno departamental, siendo gobernador Álvaro Uribe, no han permitido hasta ahora saber bien lo que pasó en la masacre de El Aro. Lo cierto es que el helicóptero adscrito a la Gobernación de Antioquia, fue observado sobrevolando la zona de Ituango, durante la ejecución de la incursión militar y paramilitar contra la población civil desarmada de la vereda El Aro en Ituango Antioquia. Según lo establecido hasta ahora, en dicho helicóptero, según le informó por radio Carlos Castaño Gil el jefe paramilitar, en ese helicóptero “se encontraban el Gobernador de Antioquia Álvaro Uribe Vélez y dos miembros de la Cruz Roja”, se lee en un aparte de la sentencia del 2015. Las reacciones, repito, contra la política de Petro para buscar la llamada PAZ TOTAL han sido irracionales y mezquinas. Hay gente todavía en Colombia que quiere que la guerra continúe y que claro, los hijos de los pobres, soldados, policías, insurgentes y otros elementos armados, sigan muriendo en plena juventud, en la primavera de sus vidas. Inclusive, un fallo, pero esta vez de la Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín llega a la misma conclusión advirtiendo la responsabilidad de Uribe no solo en la masacre de El Aro sino también en la masacre ocurrida en el corregimiento La Granja, en el municipio de Ituango. Cinco personas jóvenes fueron asesinadas, por las Autodefensas, en plena plaza principal por ser supuestamente colaboradores de las Farc. Es la filosofía que encierra la búsqueda de la PAZ total para evitar el dolor de tantas madres y que no se sigan matando JOVENES COLOMBIANOS, especialmente los jóvenes pobres a quienes se les ha cerrado las oportunidades de trabajo, estudio y de una vida con dignidad. Parece una mentira. El gobierno pidiendo perdón a las víctimas tanto en Ituango como en otras regiones del país. Es el Estado colombiano que ha asesinado a sus jóvenes. Son los mercenarios quienes en connivencia con la fuerza pública pretenden diezmar a nuestra juventud. Sus madres se mantienen en pie, no pierden la esperanza de un mundo mejor para sus hijos. La fuerza pública en connivencia con los grupos paramilitares matando jóvenes, repito, jóvenes de las barriadas de las ciudades, jóvenes campesinos y jóvenes indígenas. O como en nuestra costa pacífica nariñense, matando a nuestros jóvenes negros como si fueran moscas. Las madres deben recibir de parte del gobierno toda la mayor consideración. Son las madres de esta juventud que no quieren que siga la guerra. Madres que con el dolor en el corazón hasta dicen que son capaces de perdonar. Cuando yo escribí para las dos orillas bajo el título de “Colombia no quiere a sus jóvenes” me cayeron rayos y centellas porque el marco histórico cuando lo hice fue el estallido social y la cantidad de jóvenes de los barrios populares, de veredas y corregimientos que cayeron muertos a manos de las balas del Estado. Dije que nuestra fuerza pública haciendo flaco favor a los ricos de este país y por hacerle el favor a las mafias regionales venían quitando la vida a los jóvenes, es decir a una juventud de hombres y mujeres en plena primavera. Mis denuncias iban más allá del asesinato a sangre fría de cuatro estudiantes de la Universidad de Nariño. Martín Rodríguez, Adriana Benítez, Marcos Salazar y Jairo Moncayo. Homicidio de tres docentes del departamento bajados del auto que los llevaba a su trabajo en las afueras de Pasto. De un celador de la Universidad de Nariño, Tito Libio Hernandez, que cae muerto por los paramilitares en la caseta de entrada en la avenida Toro bajo. Era miembro del sindicato de trabajadores de la Universidad. Colombia no quiere a sus jóvenes. No se puede y no es justo que se inviertan las cosas. Los jóvenes no son los victimarios sino las victimas que han caído a manos de los agentes del Estado, por hacer efectivo el derecho a la protesta pacífica. La idea central es tratar de meterse en el corazón de tantas madres que han perdido a sus hijos y a sus hijas en el marco del conflicto social y armado. Era cuasi niños en trance de adolescentes, o niños que apenas habían salido de pasar sus diciembres en medio de regalos y fiestas o al terminar su bachillerato, pasan a usar un rifle en lugar de seguir usando lápices y alcanzando sus sueños. Esas madres que ven a sus hijos negros, indígenas y campesinos que por ley del Estado deben prestar servicio militar, partir a esta guerra estúpida para defender intereses de las clases gobernantes, de los ricos de siempre, tomando en lugar de un azadón un rifle para matar a otros jóvenes. Es decir el dolor de esas madres de los jóvenes de los barrios pobres que ni siquiera han terminado su bachillerato. Policías y soldados, insurgentes y combatientes, y miembros de otras organizaciones armadas, ahora mismo, gracias al grito de sus madres por el fin de guerra y por el cambio por la vida, podrían - por fin - dejar de matarse. En navidad y fin de año. Por sus madres empobrecidas, por su familia, por la familia que somos todos. Petro, el presidente de Colombia, se pregunta con razón cual es el objetivo de una sociedad, si ver más de cinco o diez mil jóvenes muertos en los próximos 10 años. Quienes todavía hoy se quejan y protestan contra el gobierno de Petro o cualquier gobierno de países vecinos que quiera proteger a sus jóvenes y por ende a sus madres y sus familias desconocen a propósito el origen de estos jóvenes muertos. Lo que si es claro es que a quienes se está matando en Colombia, inclusive con el uso de las armas del Estado, no son los hijos de familias acomodadas. Los muertos no son los jóvenes y jovencitas que no saben que hacer a sus 18 años. “Jóvenes no futuro”. Los muertos de los sectores en conflicto son hijos de madres empobrecidas, de indígenas y de campesinos, hijos de la señora que vende frutas y la persigue la autoridad y viola su derecho al trabajo. No mueren en Colombia a manos de la fuerza pública los hijos de los dueños de grandes clubes y de los potentados. Quienes mueren a manos de agentes del Estado son hijos de las clases populares, de familias empobrecidas, de madres casi sin esperanza al ver que Colombia no quiere a sus jóvenes. Pero lo bueno, es que Ellas no se resisten a perder de esta manera a sus hijos en edad de soñar, aún saliendo de la adolescencia. Pero lo que más ha preocupado a los voceros de la burguesía colombiana tanto a nivel gremial como a través de sus medios de comunicación, es el nombramiento de gestores de paz. Gustavo Petro dijo que no es cierto que vaya a sacar de la cárcel a personas condenadas de los cientos de detenidos pertenecientes a la primera línea. Dijo claramente se trata de jóvenes de la primera línea que haciendo uso del derecho a la protesta pacifica hoy están sindicados, no condenados, por delitos que todavía no han sido probados. Explicó que serán estos los primeros lideres juveniles quienes saldrán a convertirse en gestores de Paz. No condenados sino sindicados. En Colombia se puede sindicar o acusar de cualquier delito a un ciudadano y lleva muchos días y a veces años, demostrar que no se es culpable de los delitos que se le imputan. Es la paquidermia, es la lentitud de un sistema judicial que es urgente cambiar. Las cárceles están llenas de gente sindicada. Llenas de gente que ha sido acusada y que no ha sido condenada. Esa es la peor y más grave violación de los derechos humanos, meter tras las rejas jóvenes sin condena. Pero en el fondo la gente ha recibido bien la decisión del gobierno de Petro. Así como los grandes corruptos y asesinos del país tienen casa por cárcel, imposible no darle beneficios a los jóvenes que fueron detenidos por hacer uso de la protesta pacífica. Así como los grandes corruptos se acogen a los principios de oportunidad, que son beneficios judiciales después de haber aceptado haber cometido delitos, así mismo los jóvenes en justicia deberían tener esas ventajas, mucho más si no han sido condenados. Solo son sindicados de delitos y no están condenados. Petro cree que ese es el camino para evitar que se siga diciendo que Colombia no quiere a sus jóvenes. Tiempo de reflexión especialmente poniendo la mente en el corazón de las madres que siguen viendo morir a sus hijos y que por más que quisiéramos no deja de ser una esperanza para el futuro. Si se abren las puertas a las oportunidades de trabajo, de estudio, de una vida con dignidad para la tercera parte de los colombianos, se volvería a decir en mayúsculas que Colombia ha dejado de matar a sus jóvenes.

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